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Entre 1981 y 1982, se fue a Ibiza (concretando
su sueño), y al regresar a Barcelona desempeñó
distintos cometidos en varios establecimientos
de restauración, hasta que ingresó en el
prestigioso restaurante Finisterre, en el que
permaneció hasta que tuvo que hacer el Servicio
Militar, donde formó parte del equipo de cocina
del Capitán General (lo cual le sirvió de una
gran experiencia).
En agosto de 1983 tuvo la posibilidad de entrar
a trabajar en El Bulli, donde conoció a quien
por aquel entonces era director de sala, Juli
Soler. Al poco tiempo se le ofreció el puesto de
jefe de partida. Desde ese momento su carrera
estuvo vinculada de forma incondicional al
progreso que El Bulli fue haciendo con el
tiempo. El restaurante se ha convertido en uno
de los puntos más importantes de la gastronomía
mundial, mientras que el propio Ferran Adriá; ha
sido reconocido como uno de los grandes
cocineros del mundo.
Considera como sus maestros a toda una
generación de la nouvelle cousine (Michel
Guirard, Alain, Jacques Maximin), y en España
tiene como referente a Juan Mari Arzak. Pero
Ferran superó las enseñanzas recibidas,
investigando por propia cuenta para alcanzar un
lugar privilegiado como cocinero del mundo.
Ferran Adriá, a sus 43 años, ha sido
protagonista de las portadas de los más
prestigiosos medios de todo el mundo: Time, Le
Monde, The New York Times, El País. Se ha
convertido en un mito de estos días, donde un
nuevo arte, la cocina, se propaga por el globo;
y donde además la expresión de la inteligencia y
de la creatividad hacen la diferencia.
Sus creaciones
La originalidad, la singularidad y la innovación de Ferrán Adría se
plasman en sus comidas, logrando creaciones
únicas y a su vez, a través de su esmerada y
compleja investigación, que la cocina española
haya superado a la francesa, conquistando a los
gourmets de EE.UU. y al propio New York Times.
Ha dicho en alguna oportunidad: "Hoy, con los
progresos de la comunicación, la cocina ya no es
un monopolio europeo o americano". "El mundo es
grande. China, Japón, Brasil ... el futuro nos
permitirá compartir las culturas. Es lo
contrario de la globalización".
En su cocina se puede apreciar un derroche de
imaginación, trabajo, provocación y un talento
innato, que se caracteriza en algo tan simple
como no copiar a otros. Para él, la gastronomía
implica que el comensal use y aplique todos sus
sentidos; esto es, utilizar tanto la vista, el
aroma y el gusto como, Ferran se empeña en esto,
el tacto, esencial en las texturas, e incluso el
oído, escuchando el crujido de algunas de sus
preparaciones. Esto es lo que hacen los
pediatras con los niños, pero evidentemente algo
que el hombre no debe de dejar jamás, la
posibilidad de poder con cada bocado volver a
conocer nuevas sensaciones. |